Entre tanto desfile en la capital, encontramos refugio en el "Jane", un atunero vasco que después de 4 meses de Marea pisan tierra firme. Mientras la tripulación se desboca en los bares del puerto nosotros disfrutamos de comida vasca regado con buenas dosis de ron, y es que es cierto aquello que el ron en el Caribe entra como el agua, todo un lujazo de día y de compañía.
A finales de 2003 el comandante Aidol se unió a los Hijos del Sol y se presentaron en Panamá. Era un chollo, tener el sol asegurado, es algo a lo que Aidol no está acostumbrado, aunque sol hubo, pero no tanto...
En Panamá les advirtieron de la cantidad de "maleantes" que pululan por el Casco Viejo y fueron apadrinados por Julian y Marian. Les trataron como a reyes en el tiempo que estuvieron con ellos. También disfrutaron como enanos comiendo y echando unos tragos con la tripulación del Jane, de Marea por el curso del canal.
Panamá entera está de fiesta. Están celebrando el centenario de su independencia de España y hay desfiles por todo el país.
Pero lo bonito está fuera. Todavía virgen, el país está iniciando la cuenta atrás para el asalto definitivo de las potencias turísticas, de hecho ya han comprado kms de costa, y todo apunta a que se parecerá a su hermana del norte: Costa Rica.
Por la mítica panamericana recorren la costa del Pacífico. Se bañan por primera de vez en sus aguas y se libran de la multa del único polícial de tráfico honesto, de timos absurdos y de morir acribillados por los mosquitos en Isla Cañas. Tienen suerte al coincidir con la llegada de las tortugas a desovar y ver cómo los diminutos pitxones corretean desesperadamente hacia la libertad que da el océano.
Quizá donde más disfrutan es en el edén de Santa Catalina. Y eso que casi se dan media vuelta, no parecía posible que semejante carretera llegara a algún sitio. Allí, con la compañía de Vitorio y su perro descansan en su paraíso recién levantado. Son unos de sus primeros huéspedes y les toca oir sus increibles batallitas de espías y persecuciones. Pagan con sus cuerpos magullados el ir a Isla Coiba, pero como se suele decir, sarna con gusto no pica.
Con pena abandonan Santa Catalina y continúan hacia Bocas del Toro, bastante más turístico, por cierto. Unos rusos acaban de dejar una de sus islas, recién rodado "Supervivientes" para la televisión rusa.
Regresan obligatoriamente para ir al Darien. Zona de nadie, es el único punto donde la panamericana se corta en su periplo desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Apetece remontar el río Sambú y convivir con comunidades indígenas emberá. Llegar a aquí resulta tambien surrealista, tras librar de que les limpien el forro gracias al preaviso de una abuela. Después de negociar y ser aceptados por el Cacique parten aguas arriba en busca de indios, como les llama Shakleton, y...del águila arpía.
Salen vivitos y coleando pero con un regalo inesperado. En las poco higiénicas condiciones de estos últimos días la chitra se ha cebado con ellos. Se hará notar en la parte final del viaje, en el archipiélago de San Blas, paraíso de los indios Kuna.
El entorno es impresionante, 365 isals, una para cada día del año. El picor es inaguantable, sobretodo para Aidol, que debe salir precipitadamente en busca de alguna pócima mágica que solo puede hallar en un hospital.
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